
a) Estimule el diálogo entre todos los participantes, y no hable demasiado usted; recuerde que cuanto más hable y responda usted, menos aprenderán los que forman parte del grupo. Les frustrará y les aburrirá.
- ¿Qué piensan los demás?
- ¿Hay algo más que añadir?
- ¿Qué más dice el pasaje? Por ejemplo, vean el versículo siguiente.
- Ese es un punto de vista, parte de la respuesta; ¿hay otras interpretaciones? ¿Qué piensas tú, Juan?
- ¿Qué significaba esto en esos días / para esas personas en ese contexto/ en esa cultura, etc.?
- ¿Qué significa esto hoy, en nuestro contexto / cultura / sociedad / vida en la iglesia, etc.? ¿Qué nos dice Dios aquí
c) A veces será necesario repetir o reformular una pregunta. Es normal que, después de hacerles una pregunta, haya una pausa para que los miembros mediten. Repita la pregunta después de un tiempo prudencial y, si es necesario, exprésela en otras palabras, para una mayor comprensión.
d) Anime a los más tímidos pidiéndoles, de vez en cuando y por su nombre, responder a una pregunta fácil. Además, deles la palabra cada vez que hagan la más leve señal de querer responder o participar.
e) Controle a los que hablan demasiado, al formular sus preguntas a otros miembros del grupo. Si es necesario, hable cariñosamente con ellos en privado, pidiéndoles la cooperación y ayuda para hacer participar a los más reticentes.
f) Generalmente, la conversación bulliciosa y alegre es una señal de vida y de buen ánimo. Sin embargo, si no se guía debidamente, puede llegar a la ‘chacota’, etc., que dificulta la participación de los más tímidos y frustra a los que realmente ponen empeño. Incluso podría llegar al caos. En tales casos, usted puede instruir al grupo a pedir la palabra levantando la mano, etc.
